El topo de pies palmeados, a pesar de la forma de sus patas, no es nadador, sino que pasa toda su vida en tierra, sobre todo debajo de ella.
Lo más admirable de este animal es la rapidez con que trabaja. Un observador fidedigno ha declarado que en una sola noche había visto construir a uno de estos activos operarios en un terreno reblandecido por la lluvia una galería de unos cien metros.
Relacionado con el trabajo realizado por el animal con las dimensiones de su cuerpo, se ve que equivale al trabajo que realizaría un hombre al escavar un túnel que midiera, además de la anchura requerida para dar paso a su cuerpo, una longitud de casi un kilómetro y medio.