
La variación individual en el ámbito de la especie es la condición indispensable para que esta pueda evolucionar y diferenciarse. En efecto, la variación permite la acción de las fuerzas selectivas y de la deriva genética. Darwin tuvo e cuenta este importante factor evolutivo, aunque es importante tener en cuenta que solamente los resultados de las modernas investigaciones genéticas permitirían clasificar las leyes reguladoras de la variación natural.
Cada especie esta dividida en diversas variedades o poblaciones locales, es decir, en grupos de individuos que habitan espacios limitados del área total sobre la que esta dividida la especie.
Todos los componentes de una población son capaces de reproducirse cruzándose sin limitaciones; por ello, se dice que una de las características fundamentales de esta unión biológica es su panmixia.
Los individuos de un grupo conservan potencialmente la capacidad de cruzarse con los de las poblaciones próximas, si bien, dada la separación espacial existe entre las poblaciones, en la mayor parte de los casos acaban de buscar los compañeros mas adecuados dentro del mismo grupo, pero sin excluir intercambios eventuales entre una unidad y la otra.
La población se define con mayor precisión como deme, termino adoptado en 1931. La genética considera que en el ámbito del deme existe un patrimonio muy preciso de genes (un pool génico).
Una población, aun presentando una serie de características morfológicas y funcionales (fenotipos) homogéneas en conjunto, muestra una apreciable variabilidad individual, en parte sostenida genéticamente y en parte derivada de la acción del ambiente.
Esto equivale a decir que, en la practica, en una población con sexos separados no es posible encontrar dos individuos que sean exactamente iguales.
La variabilidad en el ámbito de un deme animal o vegetal puede ser mas o menos amplia según la especie considerada.