
La llama fue el único animal de carga en el imperio incaico, marchando jornadas de 30 a 40 km. Por ser el monte su ambiente natural, son idóneas para escalar las encrespadas sendas andinas, donde es difícil mantener otro género de ganado, representando así una verdadera riqueza. Antiguamente los incas hicieron de ella un animal sagrado; se la encuentra representada en figuras de barro y objetos de plata y oro, y era utilizada en los sacrificios que se hacían al Sol. El indio de nuestros días, que comprende bien cuanto significa este animal, lo ama y cuida con esmero.
La llama habita en la cordillera de los Andes, a más de dos mil metros sobre el nivel del mar. Pertenece a la familia de los camélidos. Es, por tanto, pariente cercano de los camellos, a los cuales se parece, pero no tiene joroba. Es un animal de algo más de un metro de altura, de condición paciente y sumisa, y solo se le encuentra hoy en estado de domesticidad y viviendo en manadas.
Los indios sudamericanos, en especial los quechuas, la domesticaron, criaron y seleccionaron con el fin de aprovechar su lana.
Actualmente es estimada como animal de carga, por su carne y por su lana. Además de ser fuerte y soportar pesos de 50 kilos, ofrece la gran ven taja, dada su condición de animal de montaña, de poder marchar con paso seguro por sendas difíciles. Además por ser un camélido habitante de regiones muy altas, donde el pasto escasea, resulta un animal sumamente sobrio.