
De todas las hipótesis neomovilistas, es evidente que la de Staub la que ha dejado una huella más profunda en el conocimiento de la orogénesis. Acepta este autor la preexistencia de dos primitivas masas continentales: una boreal y otra austral, muy endurecidas y consolidadas, flotando sobre un sustrato magmático capaz de producir corrientes. La fuerza inicial determinante es, según Staub, la rotación terrestre, la cual engendraría en la masa magmática subsialica corrientes polífugas, que arrastrarian a las masas continentales irresistiblemente hacia el ecuador, estrujando a los sedimentos acumulados en los geosinclinales y determinando de esta manera los primeros plegamientos. Pero el empuje hacia abajo de este geosinclinal ecuatorial determinaría, a su vez, una ruptura en el equilibrio de las masas magmáticas profundas, por sustituir las masas pesadas simaicas por otras siálicas, ligeras. El resultado seria la formación de corrientes polipetas, que arrastrarían ahora a los antepaíses y con ellos a los fragmentos de las montañas formadas, de nuevo hacia los polos. Esta segunda emigración produciría roturas ecuatoriales y, pot lo tanto, daría lugar a nuevos geosinclinales.