
Estornudamos porque en nuestra nariz hay algo que no debería estar allí. Cuando los nervios sensibles al interior de la nariz son irritados, envían un mensaje a los centros nerviosos. De allí viene la respuesta: una fuerte contracción de los músculos, que expulsan violentamente el aire. Esto es el estornudo.
Claro esta que el estornudo no es obra nuestra, pues nos es imposible estornudar agrede; es lo que se llama un acto reflejo: el cerebro no siempre puede juzgar si el estornudo es necesario o no, y a menudo nos hace estornudar cuando el aire que pasa por la nariz no halla ni un obstáculo, y la única molestia que sentimos es un ligero picor; por eso estornudamos bajo la acción de la pimienta porque irrita o produce un violento cosquilleo en la parte interior de nuestra nariz.
Podemos detener fácilmente un estornudo cuando lo sentimos venir, apretando la nariz por ambos lados en el punto en que acaba el hueso.
La razón es que hay allí un nervio que, al sentir la presión, ordena al cerebro que suspenda la operación, pues la presión efectuada a suprimido el cosquilleo, como si nos hubiéramos rascado en el lugar en que se producía.