
La palabra daño puede significar dolor o perjuicio. Desde luego, el hecho de arrancarle una hoja no puede producirle dolor al árbol, sencillamente porque no puede sentir. En cambio cuando le arrancamos una hoja verde, las células vivas del punto en que se efectúa el seccionamiento si sufren un perjuicio. Pero si lo que cae es una hoja muerta, entonces el árbol no se perjudica, porque en la base de la hoja se ha formado de antemano una capa de cierta sustancia muy semejante al corcho, de manera que, en realidad, dicha hoja ha dejado de ser parte integrante del árbol.
La hoja existe para que el árbol viva; sirve para alimentarlo, pues transforma la savia bruta en savia elaborada; el árbol respira por medio de las hojas, y estas le ayudan a expeler el exceso de agua que han absorbido sus raíces. Como cada árbol posee muchas hojas, arrancándole una no le causamos gran daño; pero si se las arrancásemos todas en la primavera, inmediatamente nos convenceríamos del inmenso perjuicio que esto le ocasiona. En cambio cuando los vientos otoñales se llevan entre sus ráfagas las hojas muertas de los árboles, estos no sufren daño alguno, porque empiezan su estado de latencia en el que no necesitan que las hojas realicen su asimilación activa, que en los arboles de hojas no perennes se efectuara en primavera con hojas nuevas.