
Algunos de los factores que contribuyeron a hacer de Roma la primera potencia de su tiempo fueron la austeridad de las costumbres, la vida sencilla de las familias, la laboriosidad de los campesinos, el valor y la disciplina de sus soldados, la rígida obediencia a la ley y el patriotismo de las clases dirigentes.
En los orígenes, los romanos se hallaban divididos en familias, cada una de las cuales era dirigida por un pater, el padre o jefe de la casa. Los pater integraban un consejo patricio presidido por el rey.
Los pueblos que acudieron a roma en busca de la protección de sus murallas, los traficantes y extranjeros, constituyeron la plebe, inferiores en riqueza y jerarquía social. Este esquema se trasplanto a la época republicana, en la que los patricios conservaron su posición preeminente sobre el pueblo. Los plebeyos no tenían voz ni voto en los asuntos públicos y, por lo tanto, veían desentendidas sus aspiraciones e intereses.
Con el tiempo los patricios oprimieron a los plebeyos, provocando la reacción de estos, con lo que vino a conmoverse el estado y a ponerse en peligro la hegemonía romana en el mundo, ya que las guerras civiles consumieron ingentes recursos y vidas humanas