
Los sismógrafos están fundados en la inercia de una masa, en forma pendular, teniendo en cuenta las leyes del péndulo.
Hoy, los aparatos registradores son de una exactitud asombrosa. En primer lugar, los péndulos verticales, que consiste en una masa pesada de un hilo, la cual pende de un soporte, en donde se suavizan en lo posible los rozamientos. La masa lleva un estilete que, mediante un juego de palancas, amplia los movimientos, los cuales quedan registrados en un cilindro giratorio de negro de humo.
Los péndulos horizontales consisten en una palanca de juego libre y casi horizontal, en cuyo extremo soportan un gran peso. Cerca del extremo nace un tirante que la une al muro o pie derecho que hace de soporte; el tirante sirve además, para graduar la inclinación del péndulo, pues según este más o menos inclinado, el aparato será más o menos sensible. Un dispositivo semejante al anterior da lugar a que el movimiento sísmico quede registrado.
Otro tercer tipo es el de los péndulos invertidos, los cuales están constituidos por una gran masa, apoyada sobre un vástago, que la sostiene en equilibrio inestable por débiles resortes. A los de este tipo se denominan también astáticos, y al igual que los anteriores, registran los sismos.
Las masas pesadas son muy variables. En Gotinga, Alemania, funciona un modelo de Wieckert, cuya masa es de 17 500 kilos.