EL órgano a que aludimos es el del sentido del equilibrio, y probablemente es un hecho fortuito que se encuentra tan cerca del sentido del oído.
El sentido del equilibrio es, en cierto modo, un sentido que nos da cuenta del mundo exterior, al igual que la vista y el oído. Sin embargo, es completamente distinto de esos sentidos, pues no está dispuesto para recibir algo del mundo exterior; por tanto, no se encuentra en comunicación directa con la superficie del cuerpo.
Todos nuestros movimientos voluntarios son ordenados por el cerebro, pero es el cerebelo quien lo dirige al coordinar las distintas contracciones musculares que son necesarias para realizarlos.
Antes de referirnos al órgano de este sentido debemos decir que recibe auxilios o datos para su funcionamiento. Nuestro equilibrio no depende exclusivamente de los órganos de este sentido. Cuando estamos de pie, por ejemplo, contribuyen mucho a sostener el equilibrio las sensaciones procedentes de las plantas de los pies.