
El hombre del renacimiento aspiraba ampliamente de la vida presente y reclamaba la absoluta libertad de la razón para buscar a verdad y el mejor conocimiento del hombre y de la naturaleza. El hombre renacentista sitio curiosidad por todo; y a todo aplico razón.
Si durante la época medieval la cultura había sido teocéntrica (su centro era Dios) y la teología había ocupado el interés de los intelectuales, en la época renacentista el centro de atención es el hombre. De ahí que se hable de cultura antropocéntrica.
Consecuentemente, el individualismo, el afán de gloria y de perfección formal serán características de este periodo. El nuevo ideal de vida lo expresa Baltazar de Castiglione en El Cortesano (1528).
Durante el Renacentismo, el mundo clásico grecorromano se considera digno de admiración. Por el contrario, la cultura medieval es vista como un paréntesis de oscurantismo y, en consecuencia, se la desprecia.
Se da gran importancia al estudio del griego y del latín para entender cabalmente las obras de los autores clásicos; sus escritos se difunden en un afán de reencuentro con la nueva valoración de la inteligencia del hombre y de su amor a la naturaleza. También se valorara el canónico equilibrio entre forma y pensamiento. La literatura y el arte de la antigüedad clásica grecorromana renacen así con fuerza.