
El caucho era ya conocido desde muy antiguo por los indígenas americanos, como lo prueba la propia palabra, derivada del tupi: cachuchu o cauchu. No pocos historiadores han sostenido que Colon fue el primer europeo que lo vio, cosa difícil de probar, ya que los vegetales que lo producen no crecen en las tierras descubiertas por el. Fernández de Oviedo y, posteriormente, Herrera, Sahagún y Francisco Hernández describen un juego que practicaban los antiguos mexicanos utilizando una pelota hecha con el producto extraído de un arbol llamado amatl o amate. Mucho tiempo después, en 1736, La Condamine introdujo esta sustancia en Europa e hizo observaciones acerca de las plantas que la producian. Ochenta años mas tarde, descubierta la solubilidad del caucho en la bencina, se ensayo su empleo en la impermeabilización de telas. En 1832, Ludersdorf mezclo el caucho con el azufre y publico los resultados obtenidos. Sin embargo, en 1839, Goodyear descubrio el sistema de vulcanizarlo por medio del azufre, y de este modo se abrio un amplio campo industrial para esta materia. En 1851, Morey obtuvo el caucho endurecido o ebonita.