Los caballos son animales muy inteligentes y, si se los trata bien, toman cariño a sus amos. Cuando hacen algo malo, se muestran después tristes y arrepentidos. Prueba de ello es lo que sucedió a un jinete que regresaba a su casa montado en su caballo. El animal vio al lado de la carretera un montón de piedras blancas y se asusto tanto que se encabrito, arrojo a su amo de la silla y emprendió veloz carrera.
El jinete, a consecuencia de la caída se rompió las dos piernas y quedo tendido en el suelo. Poco tiempo después oyó un rumor producido por el galope de su caballo. El animal pasado el pánico, tranquilizado ya, corrió al establo, relincho repetidamente para dar conocimiento del accidente y regreso junto a su amo. Lo custodio relinchando sin cesar hasta que atrajo a varias persona que auxiliaron al herido.