
Después de numerosas investigaciones y estudios se ha llegado a la conclusión de que la existencia del hombre en la tierra data de épocas muy remotas que no se pueden fijar con exactitud, pero que se remontan a millones de años, y que hubo un periodo, no muy bien determinado en cuanto a su extensión, durante el cual el hombre vivió en un estado muy rudimentario.
Científicos e investigadores se han dedicado pacientemente a la búsqueda y al estudio de restos de épocas pretéritas, y sobre la base de sus hallazgos han podido reconstruir distintos aspectos de la vida de los hombres primitivos. De acuerdo con sus deducciones se ha conseguido reconstruir la imagen de nuestros antiquísimos antepasados y, en especial, su manera de vivir.
La doble necesidad de guarecerse de las inclemencias del tiempo, y la de defenderse de sus múltiples enemigos, creo en el hombre primitivo la preocupación de un abrigo constante. Esa preocupación lo llevo a buscar una “vivienda” en los lugares que la misma naturaleza le ofrecía: los árboles y las cavernas naturales de las montañas.