
La principal razón a que probablemente obedecen los terremotos es que la Tierra se contrae gradualmente a medida que su superficie se enfría. Sabemos que nuestro planeta posee una corteza muy delgada, relativamente fría, y un interior muy caliente. La corteza descansa sobre la parte interna del globo y, cuando esta se encoge, deja sin punto de apoyo ciertas partes de dicha corteza, las cuales quedan expuestas a hundirse o agrietarse. Esto sucederá principalmente en aquellos lugares donde la corteza terrestre sea mas delgada y mas propensa a quebrarse que en otros. Es bastante común que en Japón, por ejemplo, y muy raro en el suelo de Gran Bretaña.
Cuando sobreviene un terremoto en algún lugar de nuestro planeta engendra una onda sísmica que recorre la superficie de la tierra y puede ser advertida en todas partes si se dispone de aparatos adecuados. Si se anota la hora en que llega la onda al lugar donde estamos, y la comparamos con la que marca el reloj en el momento de engendrarse, será fácil descubrir la velocidad con que se desplaza la onda del terremoto. Pero a veces no es posible averiguar de donde partió la onda, y en estos casos es fácil adivinar que se produjo debajo del mar, ya que los terremotos pueden iniciarse en cualquier parte de la corteza terrestre, aun en la que sirve de fondo en los mayores océanos. Por eso también hay terremotos en el fondo de los mares, llamándose entonces maremotos.