
Los animales mantienen entre si una lucha constante para obtener los alimentos necesarios. Es una verdad sencilla, conocida desde antiguo, pero de la cual hasta hace poco el hombre no ha sacado todo el partido posible.
Los científicos pensaron que, así como se ha conseguido aumentar el numero de animales que explotamos en nuestro beneficio, protegiéndolos contra sus enemigos, también debe ser posible disminuir el numero de aquellos que nos perjudican favoreciendo la abundante propagación de sus enemigos naturales. El éxito ha confirmado tan atinadas previsiones; y ahora disponemos de un maravilloso recurso contra ciertas plagas de insectos a los que antes , por su pequeñez y fecundidad, no era imposible exterminar.
Años atrás dos especies de mariposillas iban destruyendo la vegetación en ciertas zonas de Estados Unidos de América. Los campesinos, desesperados por los años sufridos, exigieron del gobierno medidas de defensa contra la plaga, y el Parlamento confió la solución de este problema a la sagacidad penetrante y voluntariosa de Howard, uno de los mejores especialistas en insectos. este naturalista estudio a fondo los factores de la plaga en Massachusetts y se puso en relación con especialista de todas partes del mundo para conocer la historia de esas mariposillas en otros países. Mientras sus ayudantes recorrían Africa, Oceanía y parte de América, el viajo por cinco años por Europa y Asia, coleccionando y estudiando los parásitos de las mariposillas. en Japón, y tambien en el norte de China, cerca de la Gran Muralla, encontró lo que buscaba. En aquellas regiones existen las mismas mariposearas destructoras, pero en escaso numero: son inofensivas, porque sus parásitos les impiden propagare en abundancia y construir plagas.